El gigante esmeralda abraza el terror pulp en «El Inmortal Hulk»

No soy un seguidor acérrimo de las aventuras de Hulk. Tengo algunos números de la etapa de Jason Aaron y en su día pegué un buen repaso a Planet Hulk y World War Hulk, pero me faltan por leer muchas de sus etapas clásicas, como la del genial Peter David. Con esto quiero decir que no soy el mayor fan del gigante esmeralda, pero vaya si estoy disfrutando con el giro de tuerca que han aplicado al personaje en The Immortal Hulk.

The Immortal Hulk o El inmortal Hulk, tal y como lo ha traducido aquí Panini Comics, comienza con fuerza. Si habéis estado un poco al tanto de lo que ha ocurrido en el universo Marvel en los últimos años, sabréis que Bruce Banner fue “suicidado” por Ojo de Halcón durante el mega evento comiquero de 2016, Civil War II.

Desde entonces, todo el mundo daba por muerto al gigante verde…hasta que han empezado a avistarlo en diferentes pueblos de la geografía estadounidense. Al más puro estilo del Bigfoot o cualquier otro ser criptozoológico.

Un cuento de terror: el monstruo en el espejo

En este nuevo acercamiento al personaje, los autores abrazan la esencia de los clásicos comics pulp de terror para mostrarnos historias con cierto tono sombrío e inquietante. Un gran punto a su favor es que -al menos en las primeras entregas- cada número es autoconclusivo, contándonos un relato con principio y final en cada grapa. ¡Gracias! Seguro que al final acaban metiéndonos a los Vengadores en toda la salsa, pero al menos por ahora, salvo pequeñas y justificadas excepciones, es un comic que se puede leer de manera independiente y resulta totalmente ajeno al resto del universo superheróico marvelita.

Las portadas de Alex Ross, como siempre, impresionantes.

De hecho, difícilmente podríamos decir que estamos ante un comic de superhéroes. Podríamos sustituir a Hulk por cualquier otro monstruo y funcionaría igual de bien. Y es que aquí, hay que alabar el ingenio tanto de Al Ewing como del estupendo Joe Bennet, que han sabido dotar al Inmortal Hulk de una vena siniestra que encaja perfectamente con el personaje. Sabíamos que Bruce Banner había muerto, pero lo que no sabíamos es que su alter ego Hulk no podía morir (además ha recuperado la inteligencia y está furioso). Así, cuando cae la noche, el gigante esmeralda resucita, impartiendo justicia allá donde lo ve conveniente.

¡Aviso de spoilers!

En el primer número, por ejemplo, comienza con un tipo atracando una gasolinera, matando a una niña, al dependiente y al mismísimo Bruce Banner, que andaba de incognito haciendo unas compras por ahí. Por la noche en la morgue, vemos cómo el cadáver de Banner se vuelve verde, transformándose en Hulk y volviendo a la vida para ir a hacer una visitilla al ladrón y darle un susto de muerte.

En la siguiente entrega, conocemos la historia de un pueblo en el que ocurren varias muertes misteriosas. Todo el que va a visitar la tumba de un ser querido acaba muriendo. Al final se descubre que es una cadena de contaminación causada por radiación, e iniciada por un científico que intentó reforzar la salud de su hijo de manera poco licita y acabó matándolo. El científico, recluido en el monte, también tomó varias dosis de esa radiación transformándose en inmortal. Hulk acaba castigándolo, enterrándolo vivo bajo una pila de rocas.

¡Fin de spoilers!

Hay que destacar también el dibujo de Joe Bennet, un artista que no conocía demasiado, pero al que no pienso perder de vista de aquí en adelante. Aquí el amigo Joe cuenta con un lápiz que pivota entre Bryan Hitch y Gary Frank con unos acabados realmente expresivos en las secuencias cotidianas y una representación de Hulk que impresiona como pocas. Todo ello realzado por un entintado y coloreado que añaden un montón de matices al conjunto.

No os voy a negar que tengo algo de miedo de que según vayan pasando los números acaben enfangando la serie, solo para enlazar con el evento o crossover de turno como hacen estos de Marvel cuando ven que una serie no tiene suficientes ventas. Y sería una pena, porque si la dejan ir por libre tiene todas las papeletas para convertirse en una de las etapas más memorables del gigante esmeralda. Excelente trabajo de Ewing y Bennet en una lectura altamente recomendable.

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